Fuentes documentales sobre los factores de localización de los enterramientos megalíticos

Al fenómeno tumular, como a cualquier otro aspecto arqueológico, se puede llegar desde diversos orígenes y con distintas finalidades. Son comunes los trabajos descriptivos de hallazgos, las descripciones de excavaciones y el estudio de los artefactos. Algo menos frecuentes son los análisis radiocarbónicos, la relación espacial o la discusión sobre cultura, ideología y poder de los constructores de dólmenes; paradójicamente son muchas las publicaciones sobre megalitismo que hacen una breve descripción geográfica o geológica del entorno, pero pocas las que relacionan ambos aspectos, es decir las que toman postura por una vinculación o rechazo de los elementos paisajísticos con la distribución espacial de dólmenes y túmulos en general. Así y todo, no es difícil encontrar unos centenares de referencias bibliográficas sobre el asunto. Concretamente aquí se van a analizar 360 publicaciones -desde libros a artículos pasando por folletos turísticos o reseñas periodísticas- que abordan directamente la vinculación de los enterramientos tumulares con el espacio, que afirman o niegan la relación de los yacimientos con el lugar geográfico en el que se asientan.

Lo primero que llama la atención, en un análisis somero del corpus bibliográfico, es la repetición de modelos, de modas más bien. José Miguel de Barandiarán, por ejemplo, fue un sabio en su campo, pero también un maestro. Bastó que relacionara el megalitismo con la cultura pastoril, sin duda basado en una imagen bucólica y romántica de la tierra vasca, para que hayan sido legión los autores que han dado por buena esa consideración y, sin más discusión, hayan interiorizado la integración de los túmulos con los pastos. No le faltaba razón a don José Miguel cuando hacía sus afirmaciones, sobre todo porque el País Vasco está tapizado en verde, pero resulta difícil trasponer automáticamente el modelo a otras partes de la Península, sin ir más lejos.

Los casos similares a Barandiarán se podrían multiplicar, y sin embargo, apenas se encuentran 11 referencias bibliográficas que fundamenten toda su argumentación espacial en lo anticipado por otros autores. ¿Qué quiere decir? Sencillamente que un buen número de los arqueólogos que se han acercado al fenómeno tumular se han visto con fuerzas para encontrar por sí mismos relaciones espaciales, geográficas o paisajísticas. Este esfuerzo es loable, aunque con frecuencia aparece por debajo el sustrato de lo leído, de lo ya visto, de la moda que termina creando escuela, aunque tan aceptado psicológicamente que ni siquiera se recurre a la cita del autor que lo apuntó por vez primera.

 

EL ÉXITO DE LO VISIBLE

Descendiendo un poco más en el denominado "estado de la cuestión", lo primero que llama la atención es el alto porcentaje de citas bibliográficas, el 44% nada menos, que relacionan los enterramientos tumulares con la Geomorfología, con el aspecto exterior de la tierra, con lo que se ve superficialmente.

Después de la Geomorfología, y a gran distancia, hay una serie de aspectos espaciales que aparecen en la bibliografía muy equilibrados porcentualmente:

- Gea (geología, minería, litología, etcétera) con el 10% de las citas.

- Vegetación (pastos, bosques), con el 9% de las referencias bibliográficas.

- Agua (cuencas, drenaje, cantidad...) con el 8% de las citas.

- Suelos (edafología, usos) con otro 8% de referencias.

- Otros (Límites territoriales, religión, etcétera) con un 12% del total de las citas.

Apenas se mencionan los aspectos faunísticos (1%), los Recursos Culturales (cañadas, yacimientos...) con un escaso 2%, el Paisaje con el 2%, los Riesgos con el 1% o los aspectos numéricos (latitud, longitud, cotas, etcétera), que no han merecido consideración alguna.

Este primer acercamiento estadístico da una visión global de lo que la comunidad arqueológica ha considerado sobre la interrelación del fenómeno megalítico con el espacio. Pero conviene sin duda alcanzar otro nivel de desagregación que permita conocer aspectos concretos dentro de cada categoría, así como la influencia positiva o negativa que pueden tener -siempre según los autores- en la distribución espacial.

 

ATRACCIÓN, RECHAZO, INDIFERENCIA

Mayoritariamente se acepta que los elementos geóticos, climáticos, edafológicos, etcétera, ejercen un poder de atracción para las comunidades megalíticas, pero en ocasiones las referencias a estos elementos se hacen en sentido contrario, es decir como espacios de los que huyen los constructores de dólmenes. Un caso típico es el drenaje de los terrenos: algunos autores afirman que los túmulos se construyen en navas, mientras que otros piensan que el lugar elegido siempre era aquél que tenía un buen drenaje. Un tercer grupo puede considerar que ese aspecto no influye a la hora de elegir el lugar de edificación del dolmen. Todos ellos han relacionado el encharcamiento con la ubicación tumular, pero cada uno desde un punto de vista diferente.

LOS DATOS DESAGREGADOS

En la desagregación de los datos se aprecia la importancia que se ha dado tradicionalmente a determinados aspectos geográficos o paisajísticos en la ubicación espacial de los túmulos: La abundancia de citas en el caso de la visibilidad de los monumentos, la trascendencia del relieve, la accesibilidad, la preponderancia de la altura, las características edafológicas o la predominancia de herbáceas. El paisaje ideal para encontrar un dolmen parece ser un lugar elevado, con buena visibilidad, escasa pendiente, accesible, con tierras de cultivo y pastos... un páramo tal vez.

Como ya se ha apuntado, casi siempre se habla de los factores de localización en sentido positivo, por su poder de atracción. La repulsión no es frecuente en las fuentes bibliográficas: todo lo más aparece al hablar de la proximidad a las cuevas -prácticamente un empate entre los que creen que los túmulos están próximos a cavidades y los que piensan que es al contrario, que se ubican en lugares en los que no hay cuevas-, en la elección de lugares expuestos al viento -unos dicen que los sitios están bien ventilados y otros que son lugares abrigados-, en la proximidad o lejanía a los núcleos de población, o en la importancia del arbolado cerca de los túmulos.

También aparecen citas neutras, o mejor dicho contrarias a considerar determinantes algunos aspectos geográficos: algunos autores creen que la ubicación de los dólmenes no tiene nada que ver con la morfoestructura o con el sustrato litológico.

 

EL MUNDO DE LA GEA

El interior de la tierra, la Gea, aparece en un 10% de las citas bibliográficas. El concepto es muy amplio, y se comprende mejor cuando se desglosa:

- Cuevas: La controversia marca la relación entre túmulos y cavidades. No hay acuerdo sobre su relación directa, y así, mientras unos autores creen que los dólmenes se encuentran en zonas de cuevas, otros piensan más bien que los túmulos han sido edificados en aquellos lugares en los que no había cavidades.

- Geología: El sustrato geológico ha sido tradicionalmente mencionado en las descripciones de los yacimientos, aunque el resultado es disperso, porque las formaciones geológicas son también muy diferentes en todo el ámbito del fenómeno tumular. Si bien es difícil encontrar una vinculación directa de los dólmenes con una determinada facies geológica, al menos se puede intentar una aproximación a la influencia positiva o neutra del sustrato geológico. Los autores que creen encontrar esta relación directa son más numerosos que los pocos que afirman que no hay relación alguna entre Geología y emplazamientos megalíticos.

- Litología: La bibliografía ofrece resultados muy difusos, y únicamente se aprecia la alta proporción de autores que creen que tiene una influencia determinante en la ubicación de los enterramientos megalíticos, frente a los que dicen que la litología no influye en la elección de los emplazamientos.

- Minería: La mayoría de los autores hacen referencia a la vinculación de los dólmenes con indicios mineros, generalmente metálicos.

 

CLIMA

Apenas hay referencias bibliográficas a la vinculación del clima con el fenómeno tumular y megalítico. Sólo algunos factores secundarios, que a veces tienen que ver más con la geomorfología que con el clima en sí:

- Insolación: Todas las referencias encontradas hablan de una relación directa de los solares de ubicación dolménica con una insolación amplia, es decir con laderas sur de valles amplios.

- Pluviometría: Las escasas referencias bibliográficas se refieren a la elevada precipitación pluviométrica de los lugares en los que se encuentran dólmenes.

- Temperatura: Sólo hay una referencia genérica a la temperatura suave -junto con otros parámetros climáticos y topográficos- de los lugares de habitación del Bronce en relación con el megalitismo.

- Viento: En cuatro ocasiones se afirma que los dólmenes se encuentran en lugares ventosos, y en otras tantas ocasiones se afirma lo contrario, es decir que se buscan los lugares resguardados.

 

GEOMORFOLOGÍA

Es la estrella de los factores de localización. Aunque es un concepto variado, todos los parámetros apuntan en dirección parecida:

- Accesibilidad: El fácil acceso -concepto vidrioso donde los haya- es una característica destacada por la mayoría de los autores, si bien algunos piensan que no tiene influencia alguna y un reducido grupo afirma que los enterramientos se encuentran en lugares poco accesibles.

- Altura: es un concepto relativo, que siempre necesita una referencia. Pero en general se coincide en afirmar que los megalitos buscan los lugares altos. Tan sólo unos pocos autores creen que la altura no tiene nada que ver con los emplazamientos megalíticos.

- Distancia al agua: la proximidad al agua es un concepto que tiene más relación con la geomorfología que con los aspectos hídricos. La mayor parte de los autores se inclina por creer que los megalitos están próximos a fuentes o ríos. Los que piensan que la proximidad al agua no es un factor influyente son minoría, al igual que los que dicen que los megalitos aparecen en lugares alejados de los ríos.

- Morfoestructura: Son legión los autores que creen encontrar relación entre morfología y emplazamientos megalíticos. Apenas 14 autores se desligan de esta creencia y apuestan por la ubicación en lugares variados.

- Pendiente: El emplazamiento en lugares llanos beneficia sin duda la estabilidad del túmulo frente al paso del tiempo, y es considerado un factor fundamental en numerosas referencias bibliográficas. En algún caso, sin embargo, se afirma que la pendiente no es un elemento determinante.

- Visibilidad: es el factor que más respuestas positivas ha producido en la bibliografía consultada sobre enterramientos tumulares, nada menos que 112 casos.

 

SUELOS

La proximidad de los dólmenes a buenos terrenos agrícolas siempre ha sido un factor de mucho éxito bibliográfico. A veces se reconoce que los túmulos se elevan sobre parcelas improductivas, pero incluso en estos casos aparecen en las proximidades otros lugares de cultivo.

- Edafología: hay más de 50 citas bibliográficas a favor de la influencia edafológica, pero algunos autores afirman que no todos los dólmenes se encuentran en tierras aptas para un cultivo adecuado.

- Usos actuales: Al analizar el uso actual de la tierra, la mayoría de los autores que estudian este parámetro encuentran también relación entre las zonas cultivadas hoy en día y la distribución de los túmulos. En alguna ocasión se destaca el carácter erío de las fincas actuales o simplemente se dice que el cultivo actual no puede ser relacionado con la distribución dolménica.

 

AGUA

La relación dólmenes/agua se ha abordado también con frecuencia, aunque los resultados dependen del ámbito de prospección: no es lo mismo hablar de los dólmenes de las llanuras salmantinas que del páramo de La Lora.

- Caudal: Se considera en varios casos que algunos megalitos están próximos a corrientes caudalosas de agua, aunque en otras ocasiones se ha advertido el fenómeno contrario, es decir el alejamiento de los cauces fluviales, o la indiferencia de este aspecto. No hay referencias a la relación entre túmulos y calidad de las aguas, o al carácter medicinal de éstas.

- Cuencas: La distribución de túmulos siguiendo líneas de cumbre de cuencas fluviales es una teoría de éxito, sin detractores.

- Drenaje: al contrario que el factor anterior, el drenaje es motivo de controversia. Unos autores creen que los lugares bien drenados son propicios para la instalación de dólmenes, mientras que otros autores se han dado cuenta de que a veces los megalitos ocupan zonas encharcadas, navas, pantanos o turberas.

- Fuentes: algunas veces se mencionan explícitamente las fuentes y manantiales como lugares de abastecimiento de las comunidades megalíticas, o como factores de atracción locacional. En un caso aislado, el autor ha advertido que lo que se produce es precisamente el fenómeno contrario, el alejamiento de cualquier punto de abastecimiento de agua.

- Lagunas: También aparecen algunas menciones a las lagunas y su proximidad a los enterramientos tumulares.

 

VEGETACIÓN

El medio biótico vegetal es tan evidente a primera vista que permite hacer lucubraciones acerca del posible entorno de los dólmenes en el momento de su edificación. Aunque no se han encontrado referencias a comarcas agrarias, sí aparecen otras referidas al tipo de vegetación:

- Árboles: Mayoritariamente se piensa que los túmulos se edificaron junto al bosque, o en medios de predominancia arbórea, si bien algunos autores creen que la característica principal era la contraria, es decir lugares desarbolados.

- Arbustos: las escasas referencias encontradas hablan de presencia de arbustos o monte bajo, sin diferenciar muchas veces entre momentos presentes y pasados.

- Herbáceos: Es uno de los aspectos que más llama la atención y más unidad concita en determinados estudios regionales. La asociación pastos/dólmenes aparece repetida continuamente en el País Vasco, Cantabria, Asturias, Galicia, así como en el Pirineo y norte de la península en general.

 

FAUNA

La movilidad de las especies cinegéticas es tan elevada, y su capacidad de adaptación tan alta, que es difícil relacionar la caza con espacios regionales. Por eso en la bibliografía apenas aparecen referencias a la vinculación de los espacios megalíticos con la fauna.

- Caza: media docena de autores creen encontrar relación entre la caza y los dólmenes, mientras que en un caso, refiriéndose precisamente a Sierra Salvada en Álava, cerca de Délica de Burgos, se mencionan las loberas como elemento llamativamente presente.

 

RECURSOS CULTURALES

La amplia panoplia de recursos culturales, categoría que engloba todos aquellos aspectos llamativos del espacio que han sido creados por acción directa del hombre, apenas son considerados en la bibliografía:

- Yacimientos: la proximidad a otros vestigios arqueológicos, la reiteración en la ocupación del espacio, se cita en tres casos, haciendo referencia a "direcciones cósmicas" que atestiguarían la presencia de castillos, abadías, ruinas romanas y la acumulación lineal de monumentos antiguos.

- Cañadas: Las vías pecuarias, probablemente superpuestas a antiguas sendas cinegéticas, pero hoy identificadas por la delimitación que ha terminado haciendo el hombre, también aparecen en la bibliografía tumular. Algunas veces no se encuentra esa relación cañadas/dólmenes, y así lo expresan algunos autores.

- Otros: Aparece también repetida una relación singular entre megalitismo y majadas pastoriles, más allá incluso de la vinculación expresa con cañadas o zonas de pasto.

 

PAISAJE

La sinonimia existente entre paisaje, territorio, comarca o espacio lleva a confundir en ocasiones los matices que separan todos estos conceptos. pero en algunos casos sí se hacen referencias explícitas a aspectos paisajísticos:

- Cuencas: las cuencas visuales, o paisajes homogéneos, aparecen en media docena de referencias como factor de atracción.

- Comarcas: las comarcas como elemento paisajístico diferenciado también se encuentran en la bibliografía, aunque algún autor cree que no hay una atracción significativa entre paisajes homogéneos y dólmenes, sino que pueden aparecer en lugares muy variados. En algún caso se habla incluso de la calidad visual del entorno para referirse a los factores de atracción dolménica.

 

RIESGOS

El concepto de riesgo es moderno y viene asociado casi siempre a actividades antrópicas y al conflicto que se establece entre la actividad humana y las fuerzas geóticas y climatológicas; el riesgo natural ha sido aceptado históricamente sin estridencias, o todo lo más como un castigo divino. Pero el peligro de sufrir acciones incontroladas de la naturaleza también está presente en la vida del hombre, ahora y hace cuarenta siglos.

- Erosión: Apenas hay una referencia a la presencia de dólmenes en lugares de alta erosionabilidad, mientras que en dos ocasiones se cree justamente lo contrario, que los lugares elegidos son aquellos de mayor resistencia a la erosión.

- Inundación: También aquí hay divergencia de opiniones. Un autor encuentra megalitos en lugares inundables, y otros creen que buscaban emplazamientos seguros, lejos de los lechos de ríos y arroyos.

 

OTROS ELEMENTOS

Hay parámetros de difícil clasificación, bien por su carácter numérico o por su relación con límites o factores administrativos y económicos:

- Núcleos de población: Algunos autores creen que hay relación de proximidad entre los dólmenes y los núcleos de población modernos, mientras que en otros casos se afirma justamente lo contrario, es decir que los enterramientos megalíticos se encuentran alejados de los pueblos y ciudades modernos.

- Límites: la relación con los límites administrativos es otra característica que han encontrado diversos autores. No se sabe si fueron los túmulos los que originaron por consenso los vértices de las líneas municipales, si la característica de mojones históricos les viene dada por su emplazamiento singular o si se trata de curiosas coincidencias.

LA PERCEPCIÓN ESPACIAL EN FUNCIÓN DEL ENTORNO GEOGRÁFICO

El elevado número de citas bibliográficas permite desglosar los factores de atracción en función del ámbito geográfico al que se han referido los autores. El primero que aquí se va a considerar es el de la provincia de Burgos. De las 67 referencias encontradas, la mayoría se decanta por los aspectos geomorfológicos como determinantes para la ubicación de los enterramientos dolménicos burgaleses. Gea, agua, suelos, vegetación y clima son otros factores importantes, lo mismo que ocurría cuando se analizaba el conjunto total de citas bibliográficas con independencia de su origen geográfico. A la vista de los gráficos parece que los análisis espaciales sobre enterramientos tumulares y megalíticos llevados a cabo en la provincia de Burgos no difieren sustancialmente de los de la media general.

El segundo ámbito considerado es el del espacio geográfico que podríamos llamar Centro/norte peninsular. Las 170 referencias bibliográficas sobre enterramientos tumulares y ocupación espacial referidas a este entorno nos devuelven datos que se apartan algo más de la media general: aunque sigue predominando la Geomorfología con el 37%, disminuye a la mitad el número de referencias al factor Suelo, se incrementa la importancia del Agua, que pasa del 9 al 12%; y la vegetación, que alcanza el 14%, 5 puntos más que en el análisis general. La Gea pierde importancia, y pasa del 10% al 5%, mientras que el Clima pasa del 3% al 4%. Se observa en general un crecimiento de los datos referidos a la Vegetación y al Agua, dos aspectos muy presentes en el norte de la península Ibérica.

Cuando el ámbito considerado es el español, con exclusión del Centro/norte peninsular, las cifras vuelven a variar: Las 335 citas encontradas nos hablan de una vuelta a la normalidad de los datos referidos a Vegetación y Agua, y de un incremento paralelo de la Gea y de los Suelos como factores de localización de los enterramientos tumulares. Sin duda influyen aquí los estudios sobre minería y megalitismo del sur de la península o la importancia dada a la edafología tanto en el ámbito de investigación gallego como en el andaluz.

En el resto de Europa se dan por buenos otros factores de atracción para el fenómeno tumular y megalítico. En las 83 referencias bibliográficas estudiadas aparece la Geomorfología -como no podía ser menos- destacada y con porcentajes similares al ámbito ibérico. Sin embargo desaparecen todas las referencias al clima y descienden las que hablan del agua. Sin duda en Europa estos dos factores no presentan la alta variabilidad de la península Ibérica: el clima es homogéneo, húmedo y templado en la mayor parte de la cornisa Atlántica en la que se encuentran más vestigios dolménicos, y el agua está también siempre presente, tanto en forma de ríos como de fuentes, producto a su vez del generoso ciclo hídrico de la fachada occidental europea.

 

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